Del pupitre de una escuela a una plataforma virtual
Son varios meses de no ver aquellos pequeños personajes bien peinados, soñolientos por tener que levantarse a tempranas horas de la mañana vestidos con atuendos de colores uniformes ingresando por una puerta gigante y una mochila más grande que su espalda, ya no se escuchan las carcajadas y ocurrencias de los adolescentes en los pasillos de establecimientos educativos, ha disminuido la demanda en las librerías por la compra de material escolar y de alguna forma el coronavirus ha mostrado la realidad de un mundo de adultos.
Esta situación ha limitado las formas de comunicación y las relaciones sociales que normalmente eran parte de un diario vivir a un escenario de incertidumbre que ha generado también la decisión gubernamental de clausurar el año escolar que hasta la fecha no manifiesta una respuesta efectiva a la realidad de la educación en nuestro país y en ese marco, es importante analizar los efectos de la cuarentena y los meses de encierro involuntario que ha generado una masiva migración de personas de un escenario real a un espacio virtual para continuar con sus actividades, entre ellas la educación.
En este marco, se ha podido advertir transformaciones o manifestaciones diferentes de comportamientos, formas de interacción y algunos problemas como el estrés, la ansiedad y la soledad que se percibe en los estudiantes más pequeños y los adolescentes de educación secundaria y es porque las actividades que los profesores han ejecutado a razón de continuar con la formación no ha concatenado con una armonización de ritmos y secuencias metodológicas planificadas de los centros educativos porque la educación virtual no ha agarrado de forma imprevista que instintivamente se ha podido aplicar.
Las experiencias que se han desarrollado en esta transición manifiestan un vacío conceptual de la modalidad virtual que se compone de elementos de interactividad a distancia y con el uso de herramientas o recursos virtuales, y que nos exige a reconocer cuales son las características pertinentes de la virtualidad, una de ellas es la de generar interactividad en el aprendizaje a través de recursos y aplicaciones tecnológicas desde un monitoreo activo del ahora docente virtual y una de las preguntas que nos recurrentes si está dando cumplimiento a esta característica, entendiendo que el proceso formativo en entornos virtuales no se ha cumplido del todo al percibir en las experiencias educativas que traslación de comportamientos tradicionales o presenciales son parte de estos momentos, que las clases virtuales se extienden por más de dos horas considerando que eso educación virtual, que enviar un documento en pdf es educación virtual, son actividades que desvirtúan la forma de hacer educación virtual.
¿Qué hacer?, una connotación importante que se debe comprender, son los propósitos de la educación virtual entre beneficios y ventajas, pero al mismo tiempo la necesidad de una migración conceptual de la educación, de la experiencia formativa en la web ya no desde las redes sociales solamente o las páginas unidireccionales que encontramos, al contrario, de permitir un nuevo escenario de relacionamiento que fortalezca al concepto del ser humano interconexo, la mirada nativa del nuevo siglo nos permite vislumbrar una proyección distinta de la educación que recurra a herramientas integradoras de actores primarios y secundarios de este sistema educativo.
¿Qué falta entonces?, una migración completa, sin miedos, con mucha curiosidad, disponibilidad, accesibilidad a los cambios paradigmáticos de la educación del siglo XXI, un panorama que pueda ser una respuesta a los desafíos y retos que se han trazado para este siglo y al mismo tiempo desarrollar competencias que nos permita una integración de conceptos sobre nuestra realidad.
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