Una selección boliviana de esperanza, ilusión y orgullo

 


El 1 de abril de 2026 para Bolivia tendrá una representación histórica para muchos bolivianos, posiblemente la fecha no se la recuerde, sin embargo, si el evento internacional, el haber logrado participar en un partido final de repechaje para volver a un mundial de fútbol, para una mayoría de los bolivianos significó mucho más que el mismo deporte, se mimetizo en la esperanza, la ilusión, el orgullo de la patria por encima de muchas precariedades y deficiencias que vivimos en Bolivia, es posible que pueda ser una máscara de nuestro fútbol cotidiano, con estadios vacíos, falta de pagos a los atletas, una deficiente y cuestionable actividad arbitral, entre otra variedad de pormenores que se pueden señalar pero el criterio no es este, al contrario, es denotar el significado de un tiempo de esperanza, de ilusión y orgullo.

Los que hemos experimentado la clasificación al mundial el año noventa y tres tenemos una referencia de importantes actores históricos de nuestro país que significaron y representaron lo mejor del fútbol nacional y que permitía al niño, niña o joven boliviano alcanzar esa gloria, un significado que durante 30 años fue opacado por las derrotas, la improvisación, la frustración e incluso la indiferencia.

El fútbol no está a la par de otros deportes en el país, por la importancia, la inversión, el interés, etc., es una prioridad porque encierra en ello identidades, comuniones, glorias pequeñas y porque no, un elemento cultural para un país que vive del pan y del circo, en este caso represento algo más que ello, esa identificación de los colores patrios pero al mismo tiempo de una defensa intensa contra quienes arremetían con el argumento de que no era merecimiento de la selección llegar a esta etapa de clasificación, y nos sumergimos en una guerra virtual defendiendo nuestras razones para soñar estar nuevamente en el mundial, un hecho que no solo fue aplaudido y validado por bolivianos, también por personas de vecinos países que consideraban algo justo y apostaron por ello.

Las lágrimas al final del partido del boliviano identificado con la esperanza, la ilusión y el orgullo fueron una verdad innegable que se siente un país y que es nuestro amor por ser algo más que solo participantes o veedores de otros países protagonistas, fueron de autenticidad por una reivindicación colectiva, fue ganarle a Chile en su país pensando que recuperábamos el mar a costa de una pelota con jóvenes y adolescentes que pusieron la cara frente a un avasallador contra muchos incrédulos en ese momento, algunos de ellos, compatriotas nuestros.

Esta derrota duele porque los niños, las niñas, los adolescentes, los jóvenes, esta nueva generación se ha identificado con una selección nueva que también es representada por jóvenes entre 18 a 24 años con una personalidad de grandes, y un coraje por dejar esa polera llena de valor y orgullo, duele porque ya no es frustración y enojo por la mediocridad con la que se jugaba, duele porque fuimos superiores y ellos dejaron el alto el nombre de Bolivia, que permitió que muchos compatriotas que no viven en el país, cantaran nuestro himno nacional con bastante orgullo y añoranza.

Esta mañana, al despertar y revisar en las redes sociales las publicaciones sobre el resultado, había muchas voces de agradecimiento y altivez, una actitud loable con quienes enfrentaron un momento de dolor en carne propia y que de seguro es difícil de afrontar, sin embargo, fue también, uno de esos jóvenes gallardos que expresó valientemente “…nos levantaremos, aprenderemos y volveremos a intentarlo”, esperamos sea así.

Por hoy, ya recorrimos el momento de ese dolor colectivo, no sabemos que va a suceder con nuestra selección, esperemos una continuidad, esperemos que esto no se descarte como solemos hacerlo, sin embargo, de algo estoy seguro, de que los bolivianos, volveremos a creer en llegar a un mundial porque entendemos al fútbol más allá del deporte, esa comunión de personas que comparten un mismo territorio y aman estos colores y que se une porque esa es nuestra esperanza frente a nuestra dura realidad, nada es fácil para los bolivianos, así lo digo Gonzalo Cobo, es verdad, nada es fácil, pero no imposible, puede que sea duro ahora, pero con motivación, consecuencia, aprendizaje, disciplina lograremos llegar a nuestros objetivos y volveremos a entonar juntos el himno que nos representa, con la esperanza, la ilusión y el orgullo por delante.

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